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EMBAJADOR
DEL QUESO IDIAZABAL.
Desde
sus inicios allá por los años 60, cuando Aldanondo recorría las montañas
vascas en busca de quesos con su Citroën 2CV, hasta hoy en que dispone de
25 camiones y una moderna planta de conservación. Esta empresa familiar
no ha conocido otra actividad que la de comercializar queso.
El
queso, producto ancestral, consecuencia de diversas culturas y maravilla
de la buena mesa, ha tenido como obstáculo las dificultades que surgen de
su personalidad: su sensibilidad a la climatología y su caducidad. No
hace tantos años que sólo unos pocos eran capaces de conocer otro queso
que el que en su región se producía: los de la Mancha el Manchego, los Cántabros,
los Quesucos, etc. Las culturas alcanzaron horizontes nuevos, las
fronteras saltaron destrozadas por el interés del saber y el conocer, los
espacios se achicaron y con ello el capital gastronómico del individuo se
acrecentó hasta el extremo de evaluar con autoridad, las delicias de un
menú de muy lejos de nuestro lugar de origen.
Pero
el queso invento de viajero, sigue encontrando obstáculos en su propio
camino. Degustar un buen camembert francés o un gouda holandés, con toda
su armonía de sensaciones, es ardua tarea si no llegan a nuestra mesa o a
nuestro punto de compra, a nuestro punto de compra, a través de unos
profesionales que sepan administrar su grado de humedad y temperatura, que
es como decir su medio de vida.
Afortunadamente
en nuestra tierra disponemos de un gran queso, el Idiazabal. Pero para
hacer llegar este queso a otros puntos comerciales y para que en nuestras
mesas podamos gozar de otros quesos producidos fuera de nuestras
fronteras, hacen falta empresas especializadas en el almacenamiento,
conservación y distribución de este noble manjar.
Aldanondo
es una de ellas. Desde sus inicios allá por los años 60 no ha conocido
otra actividad que la de comercializar queso. Por aquellos años Aldanondo
acudía a nuestras plazas y mercados en un 2CV con el queso producido en
las sierras de los pastores, y hasta allí llevaban el sentir del mercado
enseñando al pastor, no ha fabricar, que buenos maestros son, sino a
conservar y mejorar la presentación del queso.
Pero
los tiempos evolucionan. El queso fresco, los productos dietéticos, los
quesos magros o mantecosos irrumpieron en el gusto del consumidor y
Aldanondo, como avanzado quesero que es, hizo posible surtir de una amplia
gama de estos productos a los mercados, Ya
en esta evolución de los tiempos le ha llegado el turno a la
competitividad y a las normas de mantenimiento de calidad.
Aldanondo
con más de 5.500 metros cúbicos de cámaras instaladas dispone de la
versatilidad suficiente para mantener en las mejores condiciones higiénico
sanitarias y climáticas cualquier queso. Y para hacer llegar el producto
quesero al más recóndito punto comercial, Aldanondo dispone de una flota
de 25 vehículos isotérmicos que recorren día a día los caminos,
carreteras y autopistas de Euskal Herria.
Todo
el personal comercial goza de amplia experiencia en su actividad, y el
personal de almacén dispone de carné de manipulador de alimentos que les
obliga a realizar periódicos reconocimientos médicos que los mantiene en
lo que podríamos llamar en forma sanitaria.
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