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Cómo
se elabora
La leche pura de oveja, sin ninguna transformación previa (es
leche cruda y por tanto no puede haber sido pasterizada) es calentada
suavemente en cubas de acero inoxidable hasta alcanzar una temperatura de
30ºC.

Se añade el cuajo, que es habitualmente de cordero lechal, limpio,
seco, triturado y mezclado con sal. La leche coagulada en unos treinta
minutos – según la acidez de la leche y la época del año- hasta
formar un gel elástico que se corta con lira en trocitos del tamaño de
un grano de maíz.
A
fin de facilitar el desuerado, los granos se agitan
lentamente y se eleva la temperatura de la cuba poco a poco hasta
llegar a 37ºC. Con ello se pretende extraer la mayor cantidad posible de
suero y conservar sólo las sustancias alimenticias de la leche: su grasa y proteínas. Justamente
para eso se inventó el queso.
Cuando los granos se han endurecido suficientemente a juicio del
quesero, se interrumpe el calentamiento y se deja que estos granos caigan
el fondo de la cuba, cubiertos por el suero.
Se
prensan ligeramente mediante chapas hasta hacer un bloque que se corta en
piezas equivalentes a un queso, que se introducen en los moldes y pasan a
la prensa, donde permanecerán unas seis horas volteándose una vez con el
fin de facilitar la salida del suero.
Después de la prensa, los quesos pasarán a la salmuera – baño
de sal y agua – unas veinticuatro horas y posteriormente se afinarán en
una cámara de maduración a una temperatura de 10ºC y con una humedad
relativa del 90%. A lo largo de todo el proceso, irá aumentando la
acidez, que garantiza su conservación. Este proceso
no puede durar menos de tres meses, siendo el plazo óptimo para
extraer las mejores calidades entre cuatro y ocho meses, según el gusto
personal, dividido entre los que prefieren un queso suave, de media curación,
o un queso más fuerte y curado.
Una práctica extendida es la del ahumado, en contra de lo que se
cree, no es una norma general, habiendo zonas
como Urbasa, Entzia y otras donde tradicionalmente no se ha
ahumado. Esta es la razón por la que el queso Idiazabal se presenta en
sus dos variedades – ahumado y sin ahumar – aunque muchas veces se le
identifica, sobre todo fuera del País Vasco, con el ahumado, lo que no
deja de ser una señal de identidad que aporta una diferenciación, tanto
en el gusto como en la presencia exterior. Apenas hay variantes en cuanto
al a rutina de elaboración por lo que todos los quesos de oveja
elaborados en Euskal Herria son básicamente iguales, si bien pueden
existir diferencias de calidad según la época del año, zona de
elaboración, (el 80% por lo menos de la calidad de un Idiazabal lo aporta
la materia prima) y la técnica
del elaborador.
Entre todos han puesto a punto un queso cuyo prestigio está unánimemente
reconocido, como lo demuestran los premios que viene alcanzando en
diversos concursos. En esa calidad siempre habrá que seguir insistiendo
dadas las dificultades que plantea su carácter de producto natural, que
carece totalmente de conservantes o colorantes.
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Aprovéchense de que tenemos un queso en Euskal Herria a la altura de los
mejores de Europa, un queso natural y genuino, una joya gastronómica que
es el resultado de una naturaleza bellísima – las sierras de Urbia,
Aralar, Gorbea, etc.- de una oveja autóctona y apropiada – la oveja
latxa – y de la habilidad de un quesero en el que tradición y saber se
han dado la mano.
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